Garhe G250: pruebo el cortafiambres fabricado en España

 Cuando era niño, vivía en una pequeña aldea del norte de Galicia y era algo común que los vecinos realizasen la matanza en casa. Era una tradición, algo comunitario, y todos ayudábamos. Era casi un día de fiesta, y de ahí salían chorizos, lacones, costillas, morcillas… Algo propio y muy importante; incluso aparece en Memorias dun neno labrego, de Neira Vilas.

Actualmente, todo esto ha cambiado, pero hay algo que sigo haciendo: no comprar lonchas de embutido envasadas del supermercado. Prefiero las piezas enteras —jamón deshuesado, lomo, cecina— y utilizo, al igual que antiguamente, una cortadora de fiambre.

Es cierto que, al menos la que teníamos de niños, era manual, y hoy en día suelen ser eléctricas. Y, por desgracia, es muy habitual que quienes sucumben a una de estas máquinas apuesten por alguna llegada del lejano oriente. No es que allí no sepan fabricarlas, por supuesto que sí, pero las que vemos en las grandes superficies suelen ser juguetes con muy poca potencia, que no utilizaremos más que un par de veces.

He podido probar un modelo de la gama profesional de Garhe, fabricado en España: el Garhe G250. Esta empresa de Amorebieta está especializada en productos relacionados con la matanza: picadoras, embutidoras, envasadoras y, por supuesto, cortafiambres.


Fabricado en España

Aunque Garhe tiene productos enfocados al ámbito doméstico, personalmente no los recomiendo. Su gama profesional es infinitamente superior y es una inversión que, para un particular, puede ser prácticamente para toda la vida.

Sus productos profesionales, de fabricación nacional, están pensados para largas jornadas de trabajo, algo que no haremos en casa y que, en el caso de su cortafiambres G250, permitirá que incluso puedan heredarlo nuestros hijos si se cuida mínimamente.

Si hablamos de especificaciones técnicas, estas pueden encontrarse en su web con todo lujo de detalles. Pero esas cifras conviene traducirlas a utilidad real.

Está fabricado en aluminio, lo que evita la oxidación y facilita la limpieza. Su cuchilla es relativamente grande (25 cm), por lo que podremos cortar piezas de jamón o cecina sin problemas. Además, incorpora un sistema de afilado muy sencillo de utilizar.

En cuanto al motor, con 210 W de potencia y transmisión por correa, es suave, silencioso y está pensado para un uso exigente. Además, como la máquina pesa unos 16 kg, es estable y apenas vibra. Y, por si piensas que esta máquina es grande para tu cocina, no ocupa mucho más que un microondas.


¿Merece la pena?

La máquina es, si me permitís el paralelismo, plug & play. Una vez la sacamos de la caja, basta con retirar las protecciones de la cuchilla y enchufarla. Su puesta en marcha es muy sencilla.

La utilización es cómoda y segura. Sí es recomendable leer su escueto manual de instrucciones, pero todo resulta muy intuitivo y en apenas unos minutos estarás cortando fiambre sin problema alguno.

Pero ¿merece la pena? Aquí tengo que tirar de mi origen y responder con un “depende”.
¿Vas a comprar fiambre o quesos para lonchearlos casi a diario? ¿Tienes jamones o embutidos caseros? ¿Por ese motivo has pensado en comprar alguna de las que se venden en MediaMarkt o AliExpress? Entonces sí: invierte algo más y compra este modelo. Junto con una envasadora al vacío, es una muy buena inversión.

Si, por el contrario, solo quieres cortar de vez en cuando un queso o un fuet que has visto en el súper, no la compres. Esta máquina supera los 400 euros, por lo que necesita un uso intensivo para amortizarse. Si la vas a utilizar de forma esporádica, sinceramente, no compres ninguna y pide en el supermercado que te lo loncheen.

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